Junio 2008.
Acabándose la escuela de Valladolid me lancé a Madrid, la gran capital. Tengo buenos recuerdos de aquella primera visita a esta ciudad que duró, creo, dos días.
Yo mero en Madrid.
El primer día anduve solo visitando lo que se visita: el museo del Prado, jardines, edificios famosos, etc. Esa noche además se jugaba la semifinal de la Eurocopa: España contra Italia. Aquella sería el primero de tres torneos importantes que ganaría la roja en los siguientes seis años: dos eurocopas y el mundial. Aquel día viví el juego con miles de españoles que se dieron cita en alguna plaza cuyo nombre no recuerdo. El juego concluyó en penales y tras el resultado la fiesta no se hizo esperar. ¡Cuánta alegría se vivía en las calles! Aquella felicidad futbolera le duraría a los aficionados seis años consecutivos.
La fiesta por la victoria.
Después de la fiesta que, por cierto, no duró mucho, me di a la tarea de buscar hotel. Algunas horas antes mi buen amigo y entonces asesor Jawad me sugirió que dejara mi pasaporte en la casa de las hermanas de su entonces esposa... tremendo error. El asunto es que nadie te recibe en un hotel si no tienes pasaporte. Esto me llevó a errar por el centro de Madrid sin rumbo fijo durante muchas horas. Llegué a un parque e intenté dormir bajo un árbol, sin éxito, estaba demasiado nervioso como para poder dormir. Seguí mi paseo por la ciudad, a esas horas completamente deshabitada. Empezaba a amanecer cuando mis piernas me exigieron un descanso, simplemente no podía más. Mi pasos me llevaron de vuelta al museo del Prado y ahí, en el suave pasto de sus jardines, logré cerrar mis ojos y dormir. Dormí hasta que un tipo me despertó para pedirme un cigarro, ¡un cigarro! ¡No se daba cuenta el tipo de que estaba profundamente dormido! Ahora que lo pienso, tal vez debería agradecerle haberme despertado, mejor él que la policía...
Mi hotel de aquel día.
Así que desperté y me preparé para encontrarme con Ricardo quien casualmente estaba de paso en Madrid rumbo a su natal Murcia. Ese día lo pasé con él recorriendo el centro, escuchando historias de mosqueteros, prostitutas y personajes de libros. También me dio un tour por las calles y lugares que solían frecuentar Lope de Vega, Calderón de la Barca y otros. Después me invitó a comer a algún lugar muy bueno según recuerdo. Acto seguido, Ricardo se fue a tomar una siesta a su hotel y yo me fui a visitar el museo Reina Sofía. En ese momento la falta de sueño, acompañada de una abundante comida y buen vino, cobró factura. Recuerdo estar frente al Guernika y estar soñando despierto. A nada estuve de caer hacia un lado quedándome dormido. Tuve que ir al baño, echarme agua en la cara y sacando fuerzas de no sé donde logré reponerme. Más tarde me encontré con Ricardo, fuimos a alguna librería, un bar y seguimos con el paseo. Creo que aquella tarde fue uno de los momentos en que más he disfrutado su compañía. Le estoy muy agradecido por aquello. Nos despedimos y me dirigí a la central de autobuses.
Ricardo y yo.
Para mi mala suerte, rumbo a la central me confundí en el metro y me bajé en la estación equivocada (probablemente seguía aturdido por la falta de sueño). Tuve que esperar mucho tiempo para volver a tomar el metro, llegando a mi estación bajé corriendo para alcanzar el camión que estaba a punto de salir. Afortunadamente lo alcancé, me subí, aventé la mochila a cualquier lugar y cerré los ojos. Cuando desperté estábamos en Granada.
Algunos años después volví a Madrid, esta vez acompañado de una hermosa damisela. Seguramente le di el mismo tour que Ricardo me había dado antes. También se nos atravesaron varias cantinas donde las refrescantes cervezas que nos tomamos iban siempre acompañadas de deliciosos pinchos.
Pero aquella no fue nuestra última visita a Madrid. El 2013 lo despedimos en sus plazas rodeados de cientos de españoles y, seguramente, muchos turistas. Aquella fue una noche espectacular, una de las borracheras más divertidas que he pasado con mi adorada esposa. La fiesta empezó con los preliminares del fin de año. Mucha gente en la plaza, todos bebiendo de lo lindo y preparándose para anunciar la llegada del año nuevo entre serpentinas, confeti, máscaras y demás. Después de los abrazos y besos y buenos deseos, salimos de la plaza en busca de un baño. Después quisimos volver a la plaza pero la policía ya no nos dejó entrar. No importó, nos fuimos a sentar en una banqueta y ahí empezó nuestra fiesta particular. Terminamos nuestras bebidas (alguna mezcla de tequila con algo) al tiempo que le deseábamos a cada persona, pareja o grupo que pasaba frente a nosotros un feliz año nuevo. También le pedimos a dos o tres parejas que se dieran un besito. ¡Muchos lo hicieron! Creo que teníamos tan buena vibra que la gente se fue acercando, algunos a saludar, otros nos regalaron bebidas e incluso un vagabundo se sentó un rato con nosotros. Nos dijo: "Estoy intentando dormir aquí a la vuelta pero sus gritos no me dejan". La fiesta terminó en un baño dorado de miles de personas.
Algunos años después volví a Madrid, esta vez acompañado de una hermosa damisela. Seguramente le di el mismo tour que Ricardo me había dado antes. También se nos atravesaron varias cantinas donde las refrescantes cervezas que nos tomamos iban siempre acompañadas de deliciosos pinchos.
Pincho 1.
Pincho 2.
Pero aquella no fue nuestra última visita a Madrid. El 2013 lo despedimos en sus plazas rodeados de cientos de españoles y, seguramente, muchos turistas. Aquella fue una noche espectacular, una de las borracheras más divertidas que he pasado con mi adorada esposa. La fiesta empezó con los preliminares del fin de año. Mucha gente en la plaza, todos bebiendo de lo lindo y preparándose para anunciar la llegada del año nuevo entre serpentinas, confeti, máscaras y demás. Después de los abrazos y besos y buenos deseos, salimos de la plaza en busca de un baño. Después quisimos volver a la plaza pero la policía ya no nos dejó entrar. No importó, nos fuimos a sentar en una banqueta y ahí empezó nuestra fiesta particular. Terminamos nuestras bebidas (alguna mezcla de tequila con algo) al tiempo que le deseábamos a cada persona, pareja o grupo que pasaba frente a nosotros un feliz año nuevo. También le pedimos a dos o tres parejas que se dieran un besito. ¡Muchos lo hicieron! Creo que teníamos tan buena vibra que la gente se fue acercando, algunos a saludar, otros nos regalaron bebidas e incluso un vagabundo se sentó un rato con nosotros. Nos dijo: "Estoy intentando dormir aquí a la vuelta pero sus gritos no me dejan". La fiesta terminó en un baño dorado de miles de personas.