2010 - 2014
Uno de los recuerdos más entrañables de mis años tolosanos involucra una bicicleta, el canal de Midi y el mar Mediterráneo.
Alguien dijo que se podía ir de Toulouse al Mediterráneo en bicicleta. Aquella posibilidad me dejó maravillado y tenía que encontrar un buen momento para hacerlo. Hacia junio de 2013 había enviado el primer borrador de mi tesis y mi director me dijo: me tardaré al menos un mes en leerla. Tenía un mes libre...
Manos a la obra: una bicicleta Rockrider ajustada, asiento acolchonado, equipo para reparar llantas, suplementos energéticos, agua mejorada, lentes, música, guantes, reloj, lámparas, tenis, cámara fotográfica, latas de atún, una caja para meter todo y una mochila ligera. A las 4 a.m. de un cierto día del verano francés estaba listo para partir. El plan era llegar a Béziers ese mismo día, dormir ahí y al día
siguiente completar el viaje a Agde, en el Mediterráneo.
El viaje fue
una absoluta maravilla. Salí de madrugada con la ilusa esperanza de que amanecería pronto. No recuerdo a qué hora amaneció pero estoy seguro de que no fue pronto, las primeras horas me las eché en la oscuridad, siguiendo el camino únicamente con una lámpara en la bicicleta. Afortunadamente conocía bien los primeros kilómetros. Empezando la mañana hice la primera parada.
Pasé todo ese día echado en la playa leyendo, durmiendo, nadando, comiendo sopa de pescado y viendo francesas en bikini (¡y una que otra sin bikini!). Al día siguiente, de vuelta a Toulouse la fabuleuse.
Me esperaban 15 horas de camino. Mi cuerpo y mi mente de treinta y dos años se entregaron a aquel largo y sinuoso camino en solitario. De repente uno que otro ciclista, uno que otro barquito. Y nada más. Silencio muchas horas, música a todo volumen otras tantas, al tiempo que pedaleaba a toda velocidad.
Una historia de tres: mi bici, el canal du Midi y yo.