Enero 2012.
¿A qué va uno a Milán? Ah, fácil: a escuchar un concierto en La Scala, a admirar La Última Cena, de compras en la galería Vittorio Emanuele II. Sí, claro. Para eso hay que saber un mínimo de ópera, reservar lugares para el museo con meses de anticipación y tener unos cuantos miles de euros que te sobren.
A Milán fuimos a rockear, a perdernos en el transporte público, a comer barato, a dormir en una habitación con veinte camas, a presenciar manifestaciones, a conocer teatros de nombres incómodos, a admirar la arquitectura y a asombrarnos con las dramáticas tumbas de algún cementerio.