Agosto - octubre 1999
Fuimos al D.F. a realizar un montaje sobre Felipe Ángeles. Pero no lo preparamos en el D.F., para eso nos fuimos a Santiago Tianguistenco, un pueblito del Estado de México. Más concretamente, nos encerramos en el viejo molino de San Cayetano, a un ladito de Tianguistenco. Ay, no es tan fácil recordar aquellos días. La aventura era, sin ninguna duda, apasionante. Pero también ahí empezaron a sentirse con más intensidad mis pleitos con el teatro. Hubo algunas cosas que no entendí y eso luego se complicó. El teatro para mí empezó a morir en Santiago Tianguistenco.
¡Ah, pero no todo fue trágico! Hice grandes amigos. Me enamoré y desenamoré tantas veces como días estuvimos ahí. Participamos en una guerra ficticia con elementos del ejército nacional. Bailamos mucho y jugamos ping-pong. Hacíamos discretas visitas nocturnas. Y para rematar, ¡jugamos mucho al chinchilagua!
Fuimos al D.F. a realizar un montaje sobre Felipe Ángeles. Pero no lo preparamos en el D.F., para eso nos fuimos a Santiago Tianguistenco, un pueblito del Estado de México. Más concretamente, nos encerramos en el viejo molino de San Cayetano, a un ladito de Tianguistenco. Ay, no es tan fácil recordar aquellos días. La aventura era, sin ninguna duda, apasionante. Pero también ahí empezaron a sentirse con más intensidad mis pleitos con el teatro. Hubo algunas cosas que no entendí y eso luego se complicó. El teatro para mí empezó a morir en Santiago Tianguistenco.
¡Ah, pero no todo fue trágico! Hice grandes amigos. Me enamoré y desenamoré tantas veces como días estuvimos ahí. Participamos en una guerra ficticia con elementos del ejército nacional. Bailamos mucho y jugamos ping-pong. Hacíamos discretas visitas nocturnas. Y para rematar, ¡jugamos mucho al chinchilagua!
¡Si se cae la burra no pierdo yo!
