Diciembre 2005
Después de Pachuca, dirigimos nuestros pasos hacia Oaxaca. En aquellos tiempos no tomábamos la precaución de reservar hoteles ni nada por el estilo. La cosa era llegar al lugar y moverse. Llegamos a la ciudad de Oaxaca algo así como el 29 o 30 de diciembre. Le pedimos a un taxista que nos llevara a algún hotel y encontramos uno que nos gustó (más bien, que podíamos pagar) y ahí nos instalamos. Eramos unos jovencitos y nos bastaba un lugar para dormir y que tuviera baño. No más.
¡Y a explorar Oaxaca! Mercados, iglesias, museos, mezcalerías, plazas, callejones. La ciudad no necesita que le echen porras, es bien sabido que uno la pasa bien ahí. Empezando por la comida, ¡puras delicias!
Después de Pachuca, dirigimos nuestros pasos hacia Oaxaca. En aquellos tiempos no tomábamos la precaución de reservar hoteles ni nada por el estilo. La cosa era llegar al lugar y moverse. Llegamos a la ciudad de Oaxaca algo así como el 29 o 30 de diciembre. Le pedimos a un taxista que nos llevara a algún hotel y encontramos uno que nos gustó (más bien, que podíamos pagar) y ahí nos instalamos. Eramos unos jovencitos y nos bastaba un lugar para dormir y que tuviera baño. No más.
¡Y a explorar Oaxaca! Mercados, iglesias, museos, mezcalerías, plazas, callejones. La ciudad no necesita que le echen porras, es bien sabido que uno la pasa bien ahí. Empezando por la comida, ¡puras delicias!
La seño de las tortillas y yo.
