lunes, 28 de abril de 2025

Manchester

 Agosto 2013

Toca el turno de Manchester. Ahí fui a dar por invitación de Paola y Rafita, querida amiga y querido amigo que también estaban haciendo sus doctorados en ese momento. Rafa estaba encantadísimo con Manchester, tenía que ir a averiguar por qué.

Una noche bastó para entenderlo todo. En Manchester un bar no es un bar. Un bar es un templo. Un templo donde la fraternidad empieza desde el momento en que te acercas a la barra y una hermosa damisela, al verte abrumado por la variedad, te sonríe y te da a probar. Una vez tomada la decisión, una cantidad generosa del elixir de los dioses te acompaña a la mesa donde empieza la comunión. ¡El paraíso existe! Y después de aquel, uno tras otro, cualquier cantidad de bares que superan en originalidad y buen ambiente al que acabamos de visitar. Y así hasta el infinito.


Sin ser fan, alguna vez tuve mi temporada de Joy Division. El paseo incluyó atravesar el puente aquel de la portada de éxitos de la banda. Aquí está la evidencia, en compañía de la queridísima Pao.


Y respecto a mi estancia en la ciudad adoptiva de mi compa, hay que agregar museos, largos paseos, un instituto de matemáticas, casitas de ladrillo como las que se ven en Across the Universe, una carrera matutina, una biblioteca, un estadio, un english breakfast hecho en casa, noches de juegos de mesa, curry, cerveza y más cerveza, un desafortunado partido de futbol y, sobre todas las cosas, la enorme calidez de mis queridos anfitriones. ¡Ah, qué bien se siente ser apapachado!