2000 - 2001
Los días de Felipe Ángeles terminaron y volví a juaritos. Para volver al D.F. tenía que juntar un dinerito y para eso el teatro se volvió a aparecer. La obra en cuestión se llamaba Las aventuras de Juan Rana, la última obra que dirigió Octavio Trías. Aquel montaje habría de ser una de las obras que más disfruté en mis años teatreros. No sólo la obra en sí, sino también las grandes amistades que haría en el proceso, algunas de ellas aún siguen ahí. Pura buena vibra.
Los días de Felipe Ángeles terminaron y volví a juaritos. Para volver al D.F. tenía que juntar un dinerito y para eso el teatro se volvió a aparecer. La obra en cuestión se llamaba Las aventuras de Juan Rana, la última obra que dirigió Octavio Trías. Aquel montaje habría de ser una de las obras que más disfruté en mis años teatreros. No sólo la obra en sí, sino también las grandes amistades que haría en el proceso, algunas de ellas aún siguen ahí. Pura buena vibra.
El asunto es que como la obra era parte del programa nacional de teatro escolar, tuvimos que dar funciones en varias ciudades del estado (el estado grande, ¡Chihuahua!). Casi creo que la primera ciudad en la que nos presentamos fuera de Juárez fue Casas Grandes. Ahí estuve alguna vez, no sé si antes o después de Juan Rana. De aquella vez recuerdo la escuela en la zona de los menonitas (esa zona es como estar en una colonia limpia y ordenada de El Paso) y un bar de mala muerte al que me metí de vuelta al hotel. Una barra pequeñita, unas chicas no muy agraciadas y algunos borrachos. En la función que dimos en Casas Grandes, el buen Abraxas y yo tuvimos nuestro duelo a espadazos entre los espectadores. Mala idea, afortunadamente nadie salió herido.
Volvimos a juaritos de noche, en el carro de alguno de nosotros. En la carretera apagamos las luces.