Febrero 2005
La obra Ñaque o de piojos y actores de José Sanchis Sinisterra es bastante conocida y creo que muy representada. En México he escuchado de al menos otros dos montajes de este texto, uno de ellos dirigido por el mismísimo Sanchis Sinisterra. Aquel montaje sucedió en Monterrey.
Monterrey fue la segunda escala de nuestra gira. Nos tocó un teatro pequeñito, con poca luz. Y entre el público, según me dijeron, uno de los actores del montaje de Sanchis Sinisterra. Tal vez al tipo no le gustó mucho nuestra propuesta porque después no supimos nada de él.
Años después las matemáticas me llevaron de nuevo a Monterrrey. A mi me gustó la ciudad aunque a mis compañeros sureños no tanto. Demasiado asfalto, según ellos. Un buen día Eréndira, Samuel y yo vimos un espectáculo en un parque famoso de la ciudad. ¡Mágico! Uno entra en una sala y un actor te pone un espejo sobre tu nariz de tal manera que solo ves el techo. Y el techo está lleno de cosas: mesas, lámparas, sillas, velas. Pero todo está en el techo, frente a uno no hay nada. El efecto es espectacular: uno siente que va atravesando las cosas, como un fantasma. Es tal la emoción que a uno se le olvida respirar. Y entonces el actor te dice: respira.
La obra Ñaque o de piojos y actores de José Sanchis Sinisterra es bastante conocida y creo que muy representada. En México he escuchado de al menos otros dos montajes de este texto, uno de ellos dirigido por el mismísimo Sanchis Sinisterra. Aquel montaje sucedió en Monterrey.
Monterrey fue la segunda escala de nuestra gira. Nos tocó un teatro pequeñito, con poca luz. Y entre el público, según me dijeron, uno de los actores del montaje de Sanchis Sinisterra. Tal vez al tipo no le gustó mucho nuestra propuesta porque después no supimos nada de él.
Años después las matemáticas me llevaron de nuevo a Monterrrey. A mi me gustó la ciudad aunque a mis compañeros sureños no tanto. Demasiado asfalto, según ellos. Un buen día Eréndira, Samuel y yo vimos un espectáculo en un parque famoso de la ciudad. ¡Mágico! Uno entra en una sala y un actor te pone un espejo sobre tu nariz de tal manera que solo ves el techo. Y el techo está lleno de cosas: mesas, lámparas, sillas, velas. Pero todo está en el techo, frente a uno no hay nada. El efecto es espectacular: uno siente que va atravesando las cosas, como un fantasma. Es tal la emoción que a uno se le olvida respirar. Y entonces el actor te dice: respira.