viernes, 3 de abril de 2026

Nara

 Mayo 2014

A Nara fui a visitar el famoso templo Todai-ji, a ver ciervos sagrados deambulando entre la gente, a engañar involuntariamente a una señora con mi falso japonés y a purificar mi espíritu en una aldea enmedio de un lago.

 

Corría el mes de mayo y el calor era sofocante. Previo a mi visita a Japón tomé unas improvisadas clases de japonés. Memoricé una buena cantidad de palabras y frases que sin duda me sacarían de algún apuro. Y tal vez me meterían en alguno. En el tren Osaka-Nara, una mujer de cierta edad se abanicaba con vehemencia. Mientras volteaba a todos lados agobiada por el calor, nuestras miradas se encontraron. Atsui desu, dijo. Las clases de japonés salieron al rescate: totemo atsui desu, dije yo con soltura. Eso fue un error. La mujer me miró completamente sorprendida de que el tipo occidental que iba en el asiento de enfrente pudiera hablar japonés. En un arranque de júbilo, se me acercó y empezó a hablar como enloquecida. Yo, asustado y divertido a la vez, repetía una y otra vez que no entendía nada de lo que decía. La mujer no me escuchaba o no quería hacerlo y continuaba hablando, cada vez en un volumen más alto, como si el problema fuera que no la escuchaba bien. Unos segundos después, seguramente decepcionada, se rindió. El tren llegó a una estación en ese instante. La mujer hizo un gesto de despedida y se fue, dejándome con una enorme sonrisa en la cara.